Rocoto relleno, desde las entrañas del Misti

Por: Cecilia Portella Morote

 

Su fuego y energía contenidas se abren paso complaciendo exigencias. Su compacto sabor, mezcla de salado, picante y una pizca ligeramente dulce, constituyen el equilibrio perfecto. Sus acompañantes de turno, papa y queso, fusión netamente andina…

No dudamos en afirmar que este plato tiene espíritu propio, porque es lo que lleva dentro lo que le da vida a ese jugoso, picante y carnoso fruto vestido con piel de un rojo intenso, que empezó a cultivarse en el Cusco previo al Imperio Incaico. Su consumo se popularizó principalmente como condimento para darle sabor y calor a las comidas. Fue acompañante de innumerables platos. De sus propiedades energizante y vitamínica no se supo hasta que alcanzó su desplazamiento a lo largo y ancho de todo el país.

Importantes estudios sobre nutrición le atribuyen características que bien podrían convertirlo en obligado acompañante en la dieta diaria. Fósforo, Ácido Ascórbico, fibras, Carbohidratos, calorías y Hierro, encabezan la interminable lista de minerales, proteínas y elementos químicos, algunos de difícil pronunciación, que posee el rocoto.

Y nos apuramos en explicar estos detalles, y otros, de no menor importancia, como el hecho que es susceptible de ser sembrado a lo largo de todo el año, en lugares de clima templado, y que su mejor desarrollo se produce en las zonas de los valles andinos.

Un Rocoto en El Rocoto

Podríamos pasar horas hablando de gastronomía peruana, más aún cuando el protagonista, como es en este caso, constituye una de las mayores razones por la cual estamos aquí, abocados en este amplísimo tema. El rocoto relleno, es saludable, delicioso, nutritivo, energético, combinable con otros platos algo más contundentes de la culinaria arequipeña. Puede servirse como entrada. O añadiéndole un generoso trozo de pastel de papa y queso, puede también convertirse en un respetable plato de fondo.

Sin temor a equivocarnos, creemos que esa energía cálida, fuerte, proveniente del fruto en mención, estampó en Blanca Chávez, propietaria del restaurante El Rocoto, características propias de quien sobresale en lo que se propone. Y es que ella, sabe lo que hace y lo hace bien. No sin motivo, previo a nuestro encuentro, jóvenes colegas terminaban una entrevista con nuestra invitada de turno.  Y al partir nosotros, también la dejaríamos acompañada de un equipo de producción de otro medio de comunicación.

Fue en 1986, que Blanca, arequipeña ella, decidió crear un lugar de encuentro para la colonia arequipeña afincada en Lima.  “El nombre se decidió en una reunión, entre amigos, que con papel en mano hacían propuestas diversas. A alguien se le ocurrió El Rocoto, sonó bien, nos identificaba mejor y simplemente arrancó la aprobación unánime del grupo”, nos cuenta Blanca, recordando la concreción de su feliz idea, que naturalmente aplaudimos.

“Las arequipeñas somos mujeres fuertes, luchadoras y muy trabajadoras” afirma Blanca, aunque  no necesita decirlo, lo sabemos, pues conocemos el temple de la mujer arequipeña. Lo que va de su vida es una prueba. Siendo aún joven quedó viuda, con cuatro hijos, un negocio que no despegaba por la situación de ese entonces… y sobreponiéndose a las adversidades, un día se levantó y desde aquel momento no dejó de prosperar.

“Empecé realizando los famosos festivales, primero uno de comida española, con la participación de chefs valencianos, luego siguieron los festivales de comida mexicana, cubana, venezolana, el Festival de la Papa, de los camarones, de sopas sudamericanas… Y ella sigue por esa senda, ya nadie ni nada podrá detenerla… Y en esto no está sola. Tiene una familia que la acompaña, la asiste y forma parte de su equipo.

Y así la dejamos, con sus sueños, sus proyectos y la maravilla de convertir en delicias, con un innegable sello arequipeño, todo aquello que pasa por sus manos. De nuestra parte seguiremos deleitándonos y admirando nuestra culinaria personificada en un sabroso rocoto relleno, rojo, limpio, brillante, jugoso, que combina muy bien en un escenario hecho de blanquísimo sillar, para no desentonar.  Rojo y blanco, sin querer, que se fusionan para imprimir de peruanidad este plato digno de exportación.

 

DATO: Visítalos en sus dos locales:

  • Av. Aviación 4907, Surco – Reservas al: 4483040
  • Av. Federico Villarreal 360, Miraflores – Reservas al: 2223175

 

Foto: Restaurante El Rocoto

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