A propósito del Día del Pan y la Alimentación

Por: Cecilia Portella Morote

 

En la actualidad, el pan es más que un componente importante en las mesas del mundo. Es un distintivo que representa el derecho de alimentación de las naciones. La FAO, tiene como símbolo una espiga de trigo que representa al pan, que pese a ser el más humilde de los alimentos, encarna también la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza. Desde hace 30 años se celebra mundialmente el Día de la Alimentación, el 16 de octubre, es por ello que en honor a esa fecha rendimos honores a este alimento.

Todas las mesas del mundo, todos los pueblos y las razas, todas las épocas y los tiempos, son testigos de su presencia. Su sencillez y humildad se contraponen a su fama difundida en todas las latitudes. El mismo Jesús lo multiplicó y lo compartió entre los suyos. Hoy nuestras líneas hablan de la grandeza del más elemental de los alimentos, el pan nuestro de cada día…

El 16 de octubre, para ser exactos, se celebra también el Día del Pan, pocos lo notaron y más bien pasó desapercibido. Solo España, Italia y otros países de Europa, tomaron en cuenta en su calendario esta discreta celebración, que pretendía rendir culto al más antiguo de los alimentos, que durante 9 mil años aproximadamente ha estado presente en la dieta de la humanidad.  Las civilizaciones han sobrevivido gracias a este derivado del trigo.

Hoy en día, son muchos los insumos que hacen que el pan además de un alimento nutritivo, sea considerado en algunos casos elemento de decoración, acompañante de platos, ensayo de nuevos sabores. Pero en esencia, el pan siempre estuvo, está y estará preparado por harina de algún cereal,  agua y sal, y su cocción se realizará básicamente en un horno. La levadura juega también un rol importante en su elaboración, pues determinará la presentación final y su textura; la presencia de esta hará que el pan sea más esponjoso y con mayor volumen o en su defecto, totalmente plano y a veces hasta un poco crocante.

De alguna manera, emulando las celebraciones al pan y a la alimentación mundial, el Perú, también tiene instaurado un día en que celebra a la cocina y gastronomía peruanas. Por acuerdo del Congreso, el día 25 de octubre se sellará en el almanaque como una fecha destinada a esta celebración. Todo ello, nos lleva a festejar, pero también a hacer un alto en el camino, para reflexionar sobre el hambre que aqueja a un importante sector de nuestro país.

Somos en Latinoamérica uno de los países más privilegiados, con una gastronomía variada y rica en productos que nacen en nuestros suelos, se alimentan en nuestro mar y conviven entre nosotros, sin embargo, también existe carencia.  No todos participan de la gran mesa nacional.  Es necesario expresar esta preocupación, que probablemente no solucionará, ni menguará el problema, pero ya que quienes tienen la generosidad de acceder a estos artículos, lo expresan de una y mil formas, queremos también solidarizarnos con sus demandas. Hablamos de riqueza, nos sentimos orgullosos, no tenemos comparación… pero pareciera que ensayáramos fino sarcasmo cuando acercamos estas líneas a la realidad que atravesamos.

Así como con la papa, el mundo debe darle las gracias al pan, pues hambrunas y carencias han sido aliviadas gracias a su presencia. ¿Qué manera más sencilla, pero también simbólica, de celebrar el día mundial de la alimentación, de la cocina peruana y de la gastronomía, si no es con el alimento básico del hombre?  Alimento divino por su naturaleza.  Los rituales religiosos de todos los tiempos lo incluyen en sus ceremonias.

Este es nuestro pan, el que presente en cada mesa es compañero de niñez de todos nosotros.  Es el pan con mantequilla, símbolo de alimentación primaria.  Es el pan, que albergando carnes diversas, mermeladas o jaleas, paltas, cremas o quesos de todo tipo hacen de nuestra alimentación un complemento perfecto.  Es el pan, caliente, recién salido del horno, con un aroma inconfundible, un olor que nos remonta a mañanas de colegio, a noches familiares…

Es el alimento básico por naturaleza, es aquel que tenemos entre manos en las mañanas acompañando un té o café, algunas tardes entre conversaciones o en la más mísera de las soledades.  Es el pan, amigos míos, ese compañero infaltable, el que nunca falla, el que escucha las necesidades físicas del hambre y sale al encuentro muchas veces como un benefactor inmediato.

Es un pan, aunque sea solo, en todas sus formas y sus más alienados nombres, un compañero infaltable e infalible, pues si deseamos apelar a la etimología, la palabra “compañero”, es aquel con “quien se comparte el pan”.  ¿Hay acaso forma más sublime de alimento?, Hasta en las mesas más desprovistas, siempre el amor y la calidez han tenido forma de pan, el pan nuestro, el pan tuyo, el pan que nos invita a compartir.

 

Foto: Mae Rivera

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