Satipo, descubriendo nuevas rutas

Por: Cecilia Portella Morote

 

La riqueza de los pueblos se manifiesta en sus costumbres, en su gente, en el trabajo y actividades de subsistencia que realizan para solventar a sus familias y comunidades. La experiencia de recorrer Satipo en esta dimensión, corrobora su riqueza.

El cacao, sin duda, se constituye en el fruto dorado de sus tierras, y en base a ello, es que se han organizado diversas comunidades, en asociaciones que producen, elaboran y comercializan cacao en sus diversas formas. En el Valle del Cheni, en Río Negro, están asentadas estas asociaciones, que reciben capacitación de parte del Estado y la Comuna, y tienen también algún apoyo externo. Sin embargo el mayor logro radica en el trabajo y organización de los pobladores.

Gracias al programa “Puesta en valor y difusión del turismo”, la Municipalidad Provincial de Satipo, ha puesto especial énfasis en revalorar el esfuerzo de las comunidades. Y no solo en la producción del cacao, también se destaca el trabajo particular realizado en una importante piscigranja, dedicada al cuidado de paiches y pacos, peces más pequeños, que alimentan no solo a la provincia, sino que también llegan a Lima.

Piscigranja Cóndor, es el lugar que deben apuntar en agenda, no solo por constituirse en un importante criadero de estas especies, sino también porque está enclavado en un hermoso paraje, que ofrece maravillas por sus cuatro costados.

Warmi Tsinani, mujeres que trabajan

Colonas y Ashaninkas organizadas en un equipo de 28 mujeres vienen trabajando desde el 2010 con las bondades del cacao y están produciendo y comercializando chocolates para taza y para disfrutar en su forma más convencional. Asimismo venden, aún en un mercado limitado, la materia prima. Ellas están ubicadas en Villa Capiri en Río Negro, a 15 minutos de Satipo

Estas admirables mujeres trabajan sosteniendo sus hogares y aportando en la economía de sus comunidades. Un trabajo que cumple 8 años y que se proyecta a nivel internacional. Buen producto del cacao peruano que lleva el sello de Satipo en su corazón.

Conocerlas es como recibir una inyección de energía y motivación, pues trabajan con pasión en el producto de sus tierras, ponen dedicación y cuidado para obtener un resultado de calidad, que las enorgullece a ellas y a sus familias. Encontramos mujeres de todas las edades y cada una con sus respectivas responsabilidades trabajando desde la materia prima hasta el envasado de los chocolates, tanto puros, como saborizados también con productos de la zona, como café,  aguaymanto y maní.

Hacia el Río Huanacaure

Iniciar este recorrido implicó proveerse de agua, frutas y repelente, pues internarse en la selva, bajo el sol ardiente no deja otra alternativa. Satipo, definitivamente invita al turismo, pues sus paisajes son dignos de retratarse a cada paso. Un enorme puente divide la civilización de la naturaleza en su máxima expresión, de allí en adelante, el camino inicia con grandes estructuras rocosas, muchas de ellas parecen cortadas de tajo e invitan a la imaginación a crear historias, que van acompañando la caminata.

Son las 12 del mediodía, y no hay sombra que aplaque el calor, un ojo de agua emanado de la Providencia, se convierte en nuestro oasis, mientras nuestros acompañantes no dejan de fotografiar las aves que van escoltando el camino, unos minutos más adelante, la selva nos regala verdor. Atrás dejamos los Petroglifos de Huanacaure que, en su mayoría, son figuras humanoides en diversas actividades. Plantaciones de cacao a diestra y siniestra sirven de alimento también, a esta hora del día. Debo confesar que fue una experiencia grata poder abrir y encontrar la fruta dentro de ese gran caparazón que la cubre. Similar al pacae en sabor y estructura, fresco y delicioso fruto, abundante en estas tierras.

Luego de una caminata de una hora y media entre el verde intenso, y el cielo despejado, llegamos al Río Huanacaure, que brinda un espectáculo de paz y regocijo a los visitantes. Es importante tomar las previsiones de rigor, pues hay temporadas en que el río aumenta su caudal y es un poco más complicado internarse para darse el respectivo chapuzón.

Conocer Satipo, es diversificar las rutas, clasificarlas y quedarse con todo lo bueno que ellas ofrecen. Naturaleza, actividades productivas, conocimiento de la realidad, emprendimientos, historia y evidentemente relax y diversión. Y esto último lo verificamos en Paraiso Inn, un hospedaje recreo, que cuenta con todo aquello que se necesita para echar el estrés, al olvido. Su propietario, Ronald Andía, nos recibió y mostró las bondades del lugar.

En medio de la naturaleza, lejos del ruido, un espacio amplio al aire libre, con piscina, hamacas, buena propuesta culinaria, habitaciones y todo lo que se requiere para llegar con toda la familia, o para disfrutar con alguna persona especial.

Allí está Satipo, a 9 horas de Lima, a todo sol y yendo por la Carretera Central…

 

 

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