La Hamburguesa: un alto en el camino

Por : Cecilia Portella Morote

Muy pocos pueden negar que una hamburguesa no se cruzó en sus caminos alterando dietas o complaciendo antojos. Hechas de carne molida, con una sazón muy particular, nacida de manos de quienes las preparan, forman parte de un sándwich, que, gracias a un sinnúmero de acompañantes obtendrán nombres, gustos y precios diferentes…

¿Quién, alguna vez, no ha detenido su distraída marcha en una esquina cualquiera en la que un grupo de personas esperaban su turno para ser atendidas, mientras la hirviente plancha de metal exponía hamburguesas humeantes e inflados panes calentándose en el fogón aguardando las combinaciones a las que serán sometidos?

¿Quién en sus más afiebrados antojos no se ha parado frente al mostrador de algún fast food citadino, esperando ser llamado por su nombre para recoger y llevar a su mesa el almuerzo fugaz del día?

¿Qué estudiante mirando las pocas monedas de sus bolsillos, no ha elegido una hamburguesa dentro de un pan sencillo, con una solitaria rodaja de tomate y la sensación fresca de una lechuga, como el sostén de su largo día, entre libros y tareas?

¿Cuántos de nosotros, en un momento de debilidad, frente al llamado casi agónico de desterrar la comida chatarra, hemos sucumbido ante los aromas de carnes, entre quesos, tocinos o huevos y con el remordimiento como invitado, le hemos dado más de un mordisco a la hamburguesa más cercana que hayamos tenido?

O finalmente, entre tanta interrogante, ¿quién ha sido lo suficientemente firme y le ha negado alguna vez la hamburguesa deseada al pequeño de la casa, que además esgrime a su favor, que obtendrá algún pequeño juguete en una de esas ofertas que los adultos no terminamos de digerir?

A lo largo de nuestras vidas, la hamburguesa ha sido acompañante de mil y un aventuras, que podríamos seguir describiendo a modo de cuestionamientos.   Nos ha visto crecer y hemos crecido con ella. Y su simpleza nos ha conquistado, ha sido cómplice de nuestras horas de estudio, el mejor de los paliativos antes de entrar a la discoteca de moda, ha caminado con nosotros en las calles y en los quioscos y cuando nos hemos hecho adultos, se ha detenido a nuestro paso para entrar en la formalidad de los llamados “combos”.

Se dice que la hamburguesa llegó de Estados Unidos con estas cadenas que ahora invaden el mundo de cabo a rabo.  La “occidentalización del planeta” se mide por la cantidad de restaurantes con denominaciones de fast food y que con “características marketeras”, han llegado a países como China o Japón.

Sin embargo, creemos que la hamburguesa tiene un poco de cada país. La simpleza de su preparación se sofistica con los acompañamientos y los nombres rimbombantes que se deciden darles, obedeciendo los objetivos publicitarios para los que fueron creados.

EL CIELO ES EL LÍMITE 

De esa hamburguesa proveniente de la sartén de mamá, hecha con carne molida, sal, pimienta, cebolla, aceite y perejil, muy poco queda, antes de encontrarnos con la hamburguesa de esquina, esa que con el paso de los años, se ha convertido en una industria formal de hacer hamburguesas.

Hay leyendas urbanas, con mucho de cruda realidad, que han satanizado la esencia de esa torreja de carne, convirtiéndola en un elemento altamente dañino para la salud.  Todo en exceso es malo, incluso el agua, reflexionamos.

Sin embargo, pese a las contraindicaciones sobre su consumo y a la variedad de alternativas que existen como reemplazo de su sabor, la hamburguesa sigue gozando de las preferencias de grandes y chicos.  Prueba de ello son los innumerables establecimientos, formales e informales que las venden a todo precio, según la cara y el hambre del cliente; hamburguesas, con su respectivo plus, como se estila en las ciudades de este lado del charco, del Pacífico, hablamos.

Muy pocos conciben la idea de un pan con hamburguesa sin algún otro añadido, que realce su sabor, le de nuevos gustillos o la llene de color.  Desde la fresca ensalada de lechuga y tomate, que pedimos en abundancia, para contrarrestar nuestra culpa; hasta las cremas multicolores, con harto ají –de por medio- para imprimirle ese sabor muy latino. Probablemente, nuestra imaginación no tendría límites, si de enumerar acompañantes para la hamburguesa, tratara nuestra misión.

LA CULTURA DE LA HAMBURGUESA

Ya no podemos hablar de la hamburguesa como un alimento independiente de otros elementos que suelen acompañarla; tampoco podemos hablar de ella, sin dejar de mencionar hábitos, costumbres, horarios y hasta las más versátiles variaciones que alrededor de ella conviven.

Las cadenas norteamericanas han impulsado la creación de pequeñas cadenas propias de cada lugar desatando una  sana competencia, con tiendas más pequeñas, que coexisten a gran escalam en donde el cliente es el más beneficiado.  Marcas y nombres, es lo que más abunda, cuando de hamburguesas se trata.  Otra característica, es que la mayoría de estos lugares, no solo expenden esa torreja de carne molida acompañada de otros elementos. También hay chorizos, salchipapas, milanesas y pollo deshilachado, que completan el desfile de comida rápida, al que estamos sometidos por la moda, por el estrés, por la falta de tiempo y hasta por el antojo.  Cultura chatarra le llaman.

El marketing o las tendencias temáticas, predominan en la forma de promocionar y vender hamburguesas. Ingresan a través de nuestros sentidos en forma de pan y la publicidad las convierte en platos de fondo.  Hay cadenas que la promocionan utilizando los insumos de cada lugar o país, invirtiendo en creatividad, desafiando los más apetecibles antojos y haciéndola parte de la variopinta gastronomía regional.

El marketing no se puede cuestionar.  Para vender, casi todo vale.

Con argucias publicitarias o sin ellas, la hamburguesa ha sido compañera de niñez, adolescencia y adultez de muchos de nosotros y aunque la frecuencia de su consumo haya disminuido notablemente en nuestra vida, siempre recordaré las hamburguesas a la salida de la universidad, con una coca cola bien helada; o las de mi juventud, con chicha y alguna compañía; o las muy esporádicas de ahora, con una infusión bien caliente… No en vano pasan los años, las hamburguesas aún quedan.

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